Desde 2017 con la exposición «I volti dell’anima» la artista comienza un camino que sitúa el rostro como el centro de su investigación.
Expresiones, miradas, detalles, entrelazamientos de rasgos atemporales, sobre el fondo del Mediterráneo, un lugar de encuentro de pueblos y culturas.
Con una mirada atenta a la investigación pero siempre dirigida a la experimentación. Desde 2018 la artista, fascinada por la cromaticidad de los esmaltes Raku, explora sus posibilidades.
El fuego es el absoluto protagonista de esta técnica alquímica proveniente del Lejano Oriente, donde la artista ahora es dominadora y a veces es dominada.
La terracota desnuda ahora está oculta por el vibrante color de los esmaltes, creando en la superficie de las obras un abstracto cromatismo donde la luz y el color cohabitan en perfecta armonía.
En sus obras coexisten dos elementos opuestos: la plasticidad consciente de los volúmenes escultóricos y el impredecible abstraccionismo cromático que los envuelve.